En noviembre de 2024, los usuarios de la Oficina Divisional de Pasaportes y Visados de Agargaon, en Daca, formaban filas para presentar o recoger documentos de pasaporte. Otros esperaban sentados afuera, mientras personal de Ansar mantenía el orden en el interior. Al periodista le llamó la atención la casi total ausencia de los intermediarios que antes influían en la prioridad y la rapidez de la tramitación.
La fila no había desaparecido; había cambiado su significado. El acceso volvía a ordenarse de manera visible, en vez de negociarse mediante pagos adicionales e intermediarios. La gente conversaba o miraba el teléfono mientras esperaba. Persistían complicaciones administrativas, pero las filas se habían convertido en una medida cotidiana de la equidad del servicio público.
