En abril de 2023, las filas de vehículos por combustible se extendían varias manzanas alrededor de las gasolineras de La Habana. Según la prensa local que recogió una información de Reuters, los conductores esperaban no solo horas, sino días. El taxista Alexander Pérez había conservado su lugar durante tres días, sin garantía de que hubiera combustible cuando llegara su turno.

La incertidumbre prolongaba la fila tanto como la escasez: no se conocían ni la hora de llegada ni la cantidad de la siguiente entrega. En una ciudad con transporte público limitado, el combustible de taxis y automóviles sostiene ingresos y movilidad. Para quienes pasaban el tiempo en sus vehículos o junto a la carretera, el lugar físico en la fila era el único orden fiable hacia una entrega que podía llegar o no.