En octubre de 2020, muchas madres hicieron fila para inmunización rutinaria en el Hospital Regional Mirwais de Kandahar, sur de Afganistán. UNICEF registró a vacunadoras movilizadoras explicando durante la espera la importancia de la salud infantil. El hospital recibía unas 180–200 madres diarias, y muchos niños eran vacunados sin que lo supieran familiares contrarios.

Una madre esperaba que su esposo saliera a trabajar antes de llevar al niño en secreto. Inseguridad, pobreza, desinformación y costumbres restrictivas complicaban la vacunación antipolio. Las trabajadoras podían entrar en hogares y hablar directamente con madres, más allá de administrar dosis.

La fila no surgía solo de la capacidad clínica. Algunas ya habían negociado o eludido oposición doméstica. La espera era entrada a la atención y lugar para oír explicaciones y apoyar decisiones mutuas.