En febrero de 2012 falló el sistema de venta de electricidad prepaga del Cabo Occidental y los clientes hicieron fila en puntos de Eskom que aún vendían códigos. Una casa podía estar conectada, pero sin el número para el medidor no podía usar energía. La demanda dispersa se concentró en las pocas ventanillas y la velocidad de la cola quedó ligada al saldo del hogar. No se compraba un objeto, sino un número que devolvía un servicio esencial. El año heredado, 2008, encaja con la crisis general, pero la fila física verificable ocurrió en 2012 y allí se corrigieron fecha y lugar.