En Legga Kebele, Etiopía, Enaniye Awoke se incorporaba a la fila a las 3 de la mañana. Podía hallar 150 recipientes delante y no recibir turno hasta el mediodía. La gente dejaba las jarras, volvía a casa y regresaba a revisar su posición.

Los recipientes, no los cuerpos, guardaban los lugares y hacían visible la duración de la escasez. Una jarra podía romperse sin vigilancia y dejar a una familia tres días sin agua.

Un nuevo sistema eliminó la espera. El cambio documentado por UNICEF no fue solo menor distancia: noches y mañanas antes dedicadas a proteger un lugar regresaron a la vida familiar.