El 10 de noviembre de 2016, los bancos de la India reabrieron con filas ya formadas. Dos noches antes, el Gobierno había invalidado de repente los billetes antiguos de 500 y 1.000 rupias para las transacciones corrientes; el día 9 los bancos cerraron para preparar el canje. En una sucursal de Canara Bank en Nueva Delhi, la cola atravesaba el edificio y salía a la calle, y las disputas obligaron al gerente a pedir ayuda policial.
Nadie esperaba para comprar algo nuevo, sino para convertir en dinero aceptable unos papeles cuyo valor impreso no había cambiado. En Chennai, la trabajadora doméstica V Prerna llegó a las 6 de la mañana; al salir a comer y volver recibió el turno 113. Esperar consumía horas de trabajo, comida y vida. Como los billetes retirados representaban cerca del 86% del efectivo en circulación, el orden del canje era también el orden para recuperar la capacidad de pagar lo cotidiano.
