El 19 de diciembre de 2021, un día después de que la oficina de pasaportes de Kabul anunciara la reanudación de la expedición de documentos de viaje, cientos de personas hicieron fila con temperaturas bajo cero. Muchas esperaban desde la noche anterior y la mayoría guardaba pacientemente una sola fila. Algunas querían salir del país para recibir tratamiento médico; otras deseaban disponer de una vía de salida ante el agravamiento de la inseguridad y las dificultades económicas.

El trámite exigía la presencia del solicitante, convirtiendo la administración en una carga física incluso para los enfermos. Ambulancias con pacientes demasiado débiles para permanecer de pie esperaban junto a la carretera. Un pasaporte era un documento, pero en Kabul también podía significar acceso a tratamiento, seguridad y movilidad. La fila en el frío hacía visible el orden de acceso a esas posibilidades.