En abril de 1980, más de 1.300 barcos de Estados Unidos se reunieron en el puerto cubano de Mariel para recoger familiares y conocidos. La espera llegó a tres días; se abrió alojamiento para tripulaciones y siguieron llegando autobuses con personas autorizadas a salir. No esperaban solo los barcos. Testimonios posteriores recuerdan futuros exiliados retenidos durante días y miles aguardando embarque. Naves por familiares, autoridades que decidían quién subía y personas que buscaban salir formaron tres corrientes de demora. En ambos extremos había familias separadas por el mar, pero no fue solo reencuentro: hubo selección estatal, humillación, hacinamiento y una travesía peligrosa.
Cuba · 1980
En Mariel, barcos y familias se esperaron mutuamente
